“No compartan este artículo en las redes sociales”

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Varios expertos explican cómo nuestros prejuicios primitivos, reforzados por los algoritmos de Internet, hacen disparar nuestros temores, y cómo podemos combatirlos.

¿Alguna vez se ha preguntado por qué nuestra percepción sobre la incidencia del crimen, el terrorismo, los secuestros y otros actos violentos es, a menudo, mucho más exagerada que la realidad?

Según varios expertos consultados por The Wall Street Journal, la respuesta, en gran parte, radica en prejuicios primitivos que antaño fueron útiles para nuestros antepasados, pero que se han convertido en un engorro en el mundo moderno.

La mejor manera de combatir estos miedos exagerados es comprender el funcionamiento de nuestros sesgos cognitivos y sociales y los algoritmos de las redes sociales que los refuerzan, sostiene Christopher Mims, autor del artículo.

El sesgo de disponibilidad

Descrito por primera vez en 1973 por los psicólogos Amos Tversky y Daniel Kahneman, la heurística de disponibilidad consiste en nuestra tendencia a pensar que todo lo que escuchamos es más común de lo que realmente es.

Este sesgo explica por qué las personas tienen miedo a los ataques de tiburones, pese a que es más probable que se ahoguen en la playa; o por qué temen al terrorismo, aunque las probabilidades de que mueran simplemente mientras van caminando por la calle son mucho mayores. Es también una de las razones por las que los padres temen dejar que los niños jueguen solos, aunque nunca ha sido más seguro ser niño en EE.UU., recalca Mims.

Imagen ilustrativa / Pixabay / Solomon_Barroa

Si bien los medios han aprovechado este sesgo desde el nacimiento del llamado periodismo amarillo a finales del siglo XIX, Internet ha hecho que todos los secuestros de niños, mordeduras de tiburones y ataques terroristas parezcan estar sucediendo en nuestros patios traseros, explica Lenore Skenazy, presidente de Let Grow, organización sin fines de lucro que aboga por la independencia de la infancia.

El sesgo de lo extremo

Algunos prejuicios sociales surgen cuando estamos en grupos, afirma Jonah Berger, profesor de la Escuela Wharton de la Universidad de Pensilvania, que estudia cómo se difunden las ideas. El sesgo de lo extremo consiste en nuestra tendencia a compartir la versión más extrema de cualquier historia para mantener absortos a nuestros oyentes. Así, una historia positiva se vuelve aún más positiva y una negativa se vuelve horrible.

Esta tendencia se refuerza, en gran medida, en Internet, donde nuestro público es cada vez mayor, por lo que “nuestro objetivo es hacer que las cosas sean cada vez más extremas para atraer a ese público”, detalla el profesor.

Imagen ilustrativa / Ralph Kerpa 

El contenido que evoca respuestas positivas y negativas al mismo tiempo es aún más viral. Por ejemplo, si compartimos una noticia sobre niños secuestrados por extraños —un fenómeno extremadamente raro— sentimos enojo pero también autojustificación, pues creemos que estamos ayudando a proteger a los niños haciendo sonar la alarma, argumenta Skenazy.

El sesgo de confirmación

El sesgo de confirmación es una tendencia natural a buscar información que confirme nuestro punto de vista e ignorar la que no lo hace.

Hoy en día los algoritmos de los medios sociales tienden a agruparnos y brindarnos información que se ajusta más o menos a lo que nos interesó anteriormente, lo que, en última instancia, contribuye a dividir y polarizar a la población. En consecuencia, cuando la información incorrecta entra en una de estas cámaras de eco —por ejemplo, que los secuestros van en aumento o que las vacunas causan autismo—, hay pocos controles sobre su propagación, alerta WSJ.

“La mayor máquina de engaño de la historia”

Los algoritmos que maximizan la participación de la audiencia en Internet juegan con nuestros prejuicios o los alimentan involuntariamente, lo que conlleva una serie de problemas, desde los de tipo mental hasta una polarización política cada vez más profunda.

El resultado final son sistemas que, cualquiera que sea la intención de sus creadores, están “altamente optimizados para hacernos creer cosas que no son ciertas”, sostiene el autor del artículo, para recalcar que Facebook, Alphabet (matriz de Google y YouTube), junto con algunas otras compañías de tecnología, han construido “la mayor máquina de engaño, de mayor alcance y más rentable de la historia”.

¿Cómo combatirlo?

Steven Pinker, profesor de psicología de la Universidad de Harvard dice mostrarse siempre “escéptico” en relación a informaciones que “no están respaldadas por datos de series de tiempo”, ya que pueden ser “productos de la heurística de disponibilidad y pueden ser inexactos”.

Por su parte, Peter Reiner, experto en neuroética de la Universidad de Columbia Británica, opina que educarnos sobre estos sesgos cognitivos podría ayudar a combatirlos. “Lo mejor que puedes hacer para vacunarte es saber que existen”, agrega.

Es por eso que el autor del artículo aconseja a sus lectores que “no lo compartan en las redes sociales”, donde se convertirá en parte de una u otra cámara de eco, sino que hablen del problema con amigos o familiares o, “mejor aún”, con “extraños totales”. “Después de todo, las probabilidades de ser asesinado por un desconocido son astronómicamente remotas”, concluye.

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